Y después qué

Estos días estamos viendo abundantes noticias sobre el abaratamiento de los ordenadores, tanto fijos como portátiles. Algunas iniciativas claramente destinadas a conseguir reducir las actuales dificultades para acceder a este tipo de tecnología en los países en desarrollo y otras – en mi opinión igual de correctas – buscando rivalizar/no quedarse atrás del «otro» gran terminal remoto. A nadie pasa desapercibido que los teléfonos móviles están «penetrando» más y mejor que los PC’s en todos los países, incluidos los menos desarrollados. Eso unido a una cierta confluencia de ambos dispositivos, hace que sea más que conveniente para el sector, «hacer negocio» también con la base de la pirámide antes de que dejen de ser imprescindibles.

 

Es claro, en todo caso, que existe un enorme déficit en cuanto a las nuevas tecnologías en sitios como África. Ya comenté hace unas semanas en el post: «Las brechas Norte – Sur» las enormes diferencias entre Tercer y Primer mundo. Hoy quiero añadir algunos enlaces con mapas significativos de la situación. Cada mapa representa las estadísticas, corrigiendo el tamaño de la superficie de cada continente y de cada país. Ahí van unos cuantos:

 

Y todo eso, sin tener en cuenta la capacidad de acceso a la electricidad. Os invito a ver el mapa representativo aquí. Parece que en la mayor parte de África deberemos pensar en una solución manual, … o tratándose de niños, porqué no, … ¿de pedales?.

En cualquier caso, a la vista de noticias como las descritas al comienzo, me planteo un gran interrogante: ¿Y después qué? Resulta más o menos evidente, que en cualquier esquema educativo actual – al menos en el primer mundo – es imprescindible un ordenador y un buen acceso a internet. Siendo así, parece claro que en los países en desarrollo, también debe resultar de utilidad, … pero ¿es suficiente con tener ordenadores baratos? ¿Vale con que instalemos un PC «low cost» en cada escuela?

Por mi edad, no me eduqué entre ordenadores. Posteriormente y por motivos de trabajo, entré en ese
mundo y hoy me considero un inmigrante digital avanzado. Mi hijo, que es un nativo digital en toda regla, encuentra enormes utilidades desde todos los puntos de vista. No sólo por la inmediata satisfacción de necesidades como informarse, documentar trabajos, realizar todo tipo de consultas o comunicarse con sus amigos, sino también porque es consciente de que en el mercado laboral al que aspira, esos conocimientos le van a resultar imprescindibles. Mi duda – por tanto – viene suscitada por el hecho de operar al revés de este esquema. ¿Cómo se aplican las nuevas tecnologías aprendidas en una economía de subsistencia?. Puede ser una frustración más si no se pasa de ahí. ¿Cuántos «tendrán» una razón añadida para salir de su país, en vez de tratar de reformarlo/sacarlo adelante?.

¿La solución? Una vez más fácil de decir y difícil de hacer. Desde mi humilde punto de vista, deberíamos estar pensando ya en el OLPC para los tejidos empresariales de esos países a los que queremos dotar de PC’s en las escuelas. Los niños – en general – sean del primer mundo o del tercero, deben ver en los ordenadores algo más que juguetes. Deben ver potentes herramientas que les pueden ayudar a tener un futuro mejor y eso sólo lo verán si somos capaces de generar alrededor de esas escuelas, oportunidades de trabajo/negocio basadas en esas nuevas tecnologías que están aprendiendo a dominar.

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