Cuando decidimos que la Fundación Alaine se dedicara a cooperación internacional para el desarrollo, la siguiente decisión fue trabajar en el ámbito de la educación y luego llegó la pregunta: ¿dónde?
La verdad es que la respuesta llegó bastante rápida. Utilizamos el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y vimos que el Sahel y África Occidental concentraban el mayor número de países con menor IDH del mundo. Constituían un cinturón en el que vimos nuestra zona de trabajo. También utilizamos otros indicadores, como el índice de corrupción o la estadística de golpes de estado, pero como padres que acabábamos de perder a una hija, lo que nos acabó de convencer es que, en los países de esa franja del mundo, 9 de cada 10 madres habían perdido al menos un hijo. Esa zona aglutina los países con peores tasas de mortalidad de menores de 5 años.
Por todo ello, nuestra investigación de «despacho» nos llevo a elegir una zona homogénea que tocaba a 4 países: norte de Benin, norte de Togo, Sudeste de Burkina Faso y sudoeste de Níger

Pocas semanas después conocimos a un Misionero que había trabajado 8 años en el norte de Benin y 5 meses después realizamos con él, nuestro primer viaje al terreno. A partir de ahí nuestra experiencia sobre el terreno nos confirmó el trabajo en el despacho.


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