El Tercer Sector

En España existen más de 300.000 Organizaciones sin ánimo de Lucro (ONL). El denominado Tercer Sector, crece en los últimos años a razón de más de 10.000 al año. Todo ello, pese al exigente entramado burocrático que rodea el proceso. Dificultades de las que puedo dar fé personalmente.

Esto, abunda en los conceptos que defendí en el post que titulé «Acción social 2.0». Cada vez nos vale menos que un tercero se encargue por nosotros de realizar determinadas cosas. Cada vez nos gusta más realizarlas en primera persona. Surge, por una parte la necesidad personal de sentirse responsable de nuestras propias acciones y por otra, la desconfianza de la labor realizada por las ONL, «gracias» a los recientes escándalos
financieros acaecidos en organizaciones que llevan entre nosotros toda la vida.

Para entender todo este entramado, resulta de enorme utilidad el reciente Estudio de IRCO – IESE En él podemos reflexionar de una manera concienzuda sobre los problemas y las ventajas de la actual estructura del Tercer Sector en España y cómo se debe relacionar con la sociedad, con el Primer Sector (El lucrativo) y el Segundo (El Público).

Las ONL desde el punto de vista de la financiación, tienen como primer proveedor al sector público en general y a las subvenciones a sus proyectos en particular. La segunda fuente de financiación viene de los individuos: Socios y colaboradores. Y en los últimos tiempos, el sector lucrativo – las empresas – han detectado esta vía como una de las formas de colaborar con su entorno y mejorar su imagen. Pero el asunto, no está fácil. Esta última vía de financiación, no supera el 10% del total. En cuanto a los particulares, cada vez más, prefieren actuar de forma directa y además, el mundo de las subvenciones está adquiriendo una enorme complejidad, derivada siquiera parcialmente del boom de ONL comentado al comienzo del post.

Por todo ello, es cada vez más necesario que las ONL nos profesionalicemos y diversifiquemos nuestras fuentes de ingreso. Es cada vez más necesario que gestionemos de una manera eficaz la confianza que depositan en nosotros, nuestros socios y colaboradores. Para eso, muchas ONL, dedican parte de sus ingresos a pagar una estructura de personal que trate de garantizar de una manera solvente, la adecuada gestión financiera. Pero en mi opinión, eso puede restar «rentabilidad social» y personalmente creo que se puede evitar.

¿Cual es el equilibrio entre gestión profesionalizada y gastos de estructura? ¿Cuánto es lícito dedicar a los Recursos Humanos administrativos, la comunicación, el márketing,…? ¿Cómo llega a destino mi aportación personal? ¿En qué porcentaje? ¿Es preferible que llegue sólo el 80%, a cambio de que ese 20% ayude a la ONL a conseguir mayores ingresos? ¿No será mejor que con el atractivo de una «rentabilidad» del 100% de tu aportación, consigas esos ingresos adicionales?. En la Fundación Alaine, nos hemos decidido por esta última opción,… Quizá sea por que tenemos capacidad de management excedentaria, quizá porque pensamos que las personas que colaboran con nosotros, lo van a preferir así.

Sea por lo que sea, intuimos una fuente prácticamente inagotable de capacidad de management «pata negra» Me refiero al potencial voluntariado de esa legión de personas de mediana edad (+50) que ha dedicado su vida laboral a la gestión de proyectos complejos y que ahora convertidos en «rentistas» de lujo, podrían estar más que dispuestos a la tarea. Una fórmula que permitiría no sólo profesionalizar el Tercer Sector – al menos las pequeñas ONL – sino además, ayudar a reducir los costes de la estructura administrativa para que las ONL puedan ayudar más, a quienes más lo necesitan.

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