No creo,… en la publicidad

En los tiempos que corren, existen grandes y peligrosas tentaciones. En una crisis y ante una incremental atonía de los ingresos, puede parecer que todo vale. Excesiva cicatería para tratar de ahorrar cuando lo que debería hacer es darme más a conocer,…. o tremendas huidas hacia adelante, hacia la nada. Fuertes gastos en publicidad cuando mis Clientes ya me conocen y me compran. Y los que no me conocen ni me compran ni me van a comprar. Salidas sin sustento real que únicamente aportan más gasto y muy pocos ingresos adicionales. Actuaciones que no sopesan el necesario equilibrio entre lo que tengo y lo que puedo tener.

Personalmente siempre he sido bastante reactivo a las campañas de publicidad. Sobre todo a las campañas del tipo tradicional. Veo muy poca televisón y huyo de los anuncios en ese medio. Rechazo la publicidad machacona, sexista y carente de imaginación. Por eso siempre me ha parecido que los presupuestos que se dedican a ella, suponen un derroche donde la rentabilidad empresarial está ausente y donde el retorno radica más en el ego de quienes la diseñan o la encargan que en quienes «se supone» que ven reforzada su labor Comercial.

Quizá por eso en estos días me he visto especialmente agredido por unas Campañas que desde mi punto de vista son especialmente inútiles. me refiero, en concreto, a las antagónicas campañas sobre la existencia de Dios.

Recuerdo disputas comerciales y publicitarias entre marcas comerciales que probablemente constituyen un capítulo en los temarios de quienes estudian esas materias. La calidad de Pascual frente a la agresividad de Don Simón. Sus zumos zumos y sus zumos No zumos,… Sus yogures yogures frente a sus yogures No yogures,… Publicidad comparativa que no suele llevar a ningún sitio más que a  aquellos que nos queremos dejar llevar. Admiro a ambos. A cada uno por razones distintas, pero sus publicidades no inciden en mi decisión.

De la misma manera, considero que nadie va a creer más o menos en Dios por que desfilen ante él más o menos autobuses con ocurrentes frases al respecto.

En mi caso, considero que estamos ante una misma forma de derrochar el dinero con dos objetivos contrapuestos.

Siempre he preferido pensar de forma positiva. Siempre he preferido equivocarme confiando. Quizá por eso pienso que quienes actúan como lo hacen piensan que con eso consiguen algo más o menos importante, pero yo no hago sino preguntarme,… ¿cuantas escuelas se podrían construir con el dinero empleado en esas campañas que desde mi punto de vista son absolutamente inútiles?

Quizá de una forma también ingenua, pienso que las personas crean o no en Dios, son conscientes de las desigualdades en el mundo y de la enorme injusticia que supone la «brecha entre mundos». Teniendo eso presente, se me hace muy cuesta arriba entender porqué se gasta dinero en algo tan pueril como defender o atacar, sin más razones, la existencia o no del origen
de todo, sin intentar personalmente atajar,… y si se puede erradicar esas diferencias tan injustas que, quiero pensar, que nos molestan tanto a creyentes como a no creyentes.

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