Pero,… ¿no eramos todos iguales?

No sé porqué será. Tal vez la edad. Tal vez mi educación. Tal vez quien sabe qué. No consigo distinguir si se trata de mis aprendizajes “civiles” o “eclesiásticos”. La mayoría de las veces observo que ambos criterios confluyen. ¡
Afortunadamente para mí!. Pero estos días, estoy hecho un lío.

Estos días leo con un cierto estupor noticias que quiebran alguno de mis teóricamente firmes principios. Estos días la igualdad de TODOS ante las leyes de los hombres, se tambalea. Estos días en lo que mi hijo pequeño (¿?) cumple 17 años y se acerca a la universidad y a la eventual emancipación. Estos días me encuentro con que:

  • Estudiar una carrera, no cuesta igual en las distintas facultades del estado español, …

… ni al estado

… ni a los alumnos

  • Las diferencias van por ejemplo desde 5.413 € en Murcia a 17.780€ en Cantabria. (En ambos casos para estudios de físicas, matemáticas, …)
    La dispersión de la inversión en investigación de las distintas universidades es enorme. Así la universidad Politécnica de Madrid dedica a investigación unos 47.000 € mientras que su homónima de Cartagena, tan solo 3.000 €.
    Además el coste del profesorado también es enormemente disperso. Por un lado un profesor de la Complutense de Madrid “cuesta” una media de 111.788 €, frente a uno de la Universidad de La Rioja que cuesta de media 34.248 €.

  • La fiscalidad a la hora de donar o vender un piso a un hijo fluctúa desde más de 27.500€ a ¡33!.

  • Por vivir en España, voy a pagar más “Canon Digital” que en muchos otros países del mundo.

  • La disponibilidad de Comercios abiertos en domingo varía enormemente entre Comunidades Autónomas.

  • Según en qué Comunidad viva, mis hijos estudiarán “historias diferentes”. En ocasiones con matices muy relevantes.

  • El esfuerzo económico financiero que tienen que hacer los jóvenes para acceder a una vivienda, según de qué territorio se trate, lleva esa cuestión desde el “muy difícil” hasta el “imposible a todas luces”

  • ….

Y a la vista de todas estas cuestiones pienso que seguramente hay muchas otras de índole similar que hoy no me vienen a la cabeza y que seguro que quienes leáis este post podréis añadir en vuestros comentarios.

Y es justo en este momento cuando soy consciente de que estas diferencias deberían no existir, pero que son “diferencias de Primer Mundo” y que antes deberíamos combatir las otras “diferencias” con los “otros mundos” que usualmente llamamos “BRECHAS”.

Son con toda seguridad más difíciles de evitar, pero por ello tendría más mérito conseguir que realmente seamos todos un poco más iguales ante los hombres. Por eso hoy os recuerdo una vez más, “Los objetivos del Milenio de la ONU” y por eso hoy hago uso del enlace que nos ofreció recientemente Rosa Ercilla en su post “Mapas de densidad o las nuevas formas” y os acompaño unas cuantas muestras de que efectivamente no somos todos iguales, pero sobre todo de que los hay mucho menos iguales que nosotros.

Por un lado, Mapa con las “chicas sin escolarizar” , “Niños trabajadores”, “Camas de Hospital”
, “Mortalidad infantil”, , “Pérdida de bosques” , …

Por otro, Mapa de los que viven con más de 200 $, “Exportación de armas” , “Importación de juguetes” , “Emisiones de CO2″

Afortunadamente parece que la conciencia, individual ni colectiva, está dormida ( “Mapa de ayuda internacional”) aunque lo que también está muy claro es que todavía es claramente insuficiente.

2 comentarios en “Pero,… ¿no eramos todos iguales?”

  1. Totalmente de acuerdo Pilar.
    No podemos esperar a las iniciativas colectivas. Debemos ser capaces de generarlas de forma individual. Mi experiencia más reciente con la Fundación es espléndida. Te lanzas y de pronto cuando miras hacia atrás te encuentras un montón de buenas gentes que estaban deseando embarcarse en algo similar.
    Por eso en la Fundación Alaine usamos dos lemas: El proactivo, «Para que todo el mundo pueda sonreir» y el reactivo, «Por que nadie es tan pequeño que no pueda ayudar»
    Muchas gracias por tu comentario.

  2. No importa que la conciencia, individual o colectiva, sea insuficiente, el mundo de la igualdad y la paz empieza en uno mismo.
    Tenemos una responsabilidad personal directa. Hemos de prestar más atención a nuestra propia conciencia y permitirnos creer en lo imposible. Los grandes cambios en la conciencia colectiva han nacido de pequeños cambios en muchas conciencias individuales.
    Para ir cerrando las «brechas», es fundamental partir de nuestra propia conciencia de que todos los hombres tienen una dignidad igual y que esta actitud se convierta en nuestra pequeña aportación.
    Estoy convencida.

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