Las Fundaciones públicas

Estos días en la prensa, hemos podido ver una noticia que me atrevo a calificar de preocupante: «El Tribunal de Cuentas catalán detecta mal uso de las fundaciones»

Probablemente sea por los avatares y trámites sin fin que tuvimos que pasar con nuestra Fundación, pero en algunos de los momentos del proceso, llegamos a pensar que se nos consideraba «casi seguros transgresores de las normas fiscales y evasores de impuestos en potencia» Ahora me lo explico.

Al parecer, la Sindicatura de Cuentas, que es como se llama realmente el Organismo en Cataluña, ha denunciado «que el sector público fundacional, no está debidamente identificado y que clarificarlo, es una necesidad imperiosa para cumplir las normas del déficit y deuda pública que requiere el Sistema Europeo de Cuentas».

Dicho Organismo, considera que la Generalitat y los Ayuntamientos utilizan Fundaciones Públicas para realizar compras o firmar contratos de servicios, ELUDIENDO ASÍ LA LEY DE CONTRATOS PÚBLICOS. Incluso reconoce tener dificultades
para obtener los listados de las Fundaciones participadas mayoritariameente por las AAPP. Increíble pero, al parecer, cierto.

Hasta aquí la noticia referida a Cataluña, pero también idéntico Organismo detecta deficiencias en la Comunidad Valenciana. La Sindicatura de Comptes empezó a fiscalizar las fundaciones públicas en 2003. Su proliferación y el creciente volumen de fondos públicos que gestionaban las entidades sin ánimo de lucro les aconsejaron su supervisión. En 2006, las 33 fundaciones públicas de la Generalitat recibieron subvenciones por un total de 60 millones de euros. Los gastos de personal superaron, el 30% de la subvención pública.

Hasta aquí las noticias, que – desde luego para mi – son la justificación de la consideración de «sospechoso» de la que son objeto las Fundaciones Privadas en su proceso de constitución,… Siempre acaban pagando justos por pecadores.
Por eso en la Fundación Alaine, nos ratificamos no sólo en el respeto a la legalidad vigente – ¡Sólo faltaría! – sino también en evitar los gastos de estructura como muestra de transparencia del destino de los fondos que gestionamos.

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