¿Hay esperanza?

Es bien conocido, al menos entre quienes nos siguen, que la Fundación Alaine tiene como misión «crear oportunidades allí donde no las hay» Eso es algo omnipresente desde que creamos la Fundación en memoria de nuestra hija. Ella pensaba así y quisimos trabajar para poner nuestro granito de arena en ese sentido. Pues bien, hoy casi 19 años después de firmar ante notario, nuestra misión es más necesaria que entonces.

Elegimos África Occidental porque nos pareció uno de los lugares más «desiguales» del mundo y donde la falta de oportunidades de futuro para los jóvenes, era endémica.

Desde entonces, la población ha seguido creciendo. El porcentaje de jóvenes menores de 18 años supera el 50% de la población y la inmensa mayoría de ellos se enfrenta a un futuro sin expectativas. Frente a ellos:

  • Continuar con las economías de supervivencia de sus padres. Da igual que sean agrícolas o ganaderas. El cambio climático, la deforestación, la falta de agua potable,… hacen que cada vez esta opción genere menos adhesiones
  • El éxodo. Salir hacia otros entornos en busca de oportunidades, es muy caro si quieres ir a Europa e inútil si te diriges a los entornos urbanos de la zona sobresaturados de trabajadores sin especializar, que languidecen ante un futuro peor que el que abandonaron
  • O por último, aceptar la oferta de quienes se dedican a reclutar a jóvenes para las diferentes milicias presentes en la zona. Yihadistas, independentistas o simplemente bandidos y terroristas que viven del esfuerzo ajeno o del «impuesto» que cobran a los poblados de la zona que controlan y que se dedican a desestabilizar los países en los que habitan

Desde el punto de vista de la geopolítica, la situación es mala y la evolución previsible, lo es también. Gobiernos inestables y Juntas militares son incapaces de conseguir que sus países sean seguros. Mali, Burkina Faso, Niger,… no controlan grandes extensiones de su territorio que está en manos de las guerrillas tuareg, Boko Haram, JNIM,… o de los paramilitares armados por los gobiernos ante su propia incapacidad de control y que se convierten en una «banda» más para complicar las cosas.

Esa inestabilidad se está trasladando hacia el sur. Benín, Togo, Ghana,… Grandes franjas de terreno fronterizo, están quedando despobladas y a disposición de los que las recorren en moto y con un fusil a la espalda. Son zonas vedadas para los occidentales, seamos o no franceses y es que Europa, ha perdido la mayor parte de su oportunidad de colaborar en el desarrollo de estos países.

El rechazo a los colonizadores por el expolio histórico, es fácil de utilizar como arma contra ellos, aunque, mientras tanto, nadie haga nada para dejar de ser economías que viven de la industria extractiva que empobrece a los países, en vez de potenciar las industrias transformadoras que generan oportunidades de futuro para sus habitantes. Se ha expulsado a los franceses por sus pecados colonialistas, y se ha dejado entrar a los rusos que van a cometer los mismos pecados y a los chinos que sólo persiguen garantizar el abastecimiento de su inmenso país. El resultado es exactamente el mismo desde el punto de vista de los jóvenes ante su futuro. Nada nuevo bajo el sol. Se sigue exportando algodón e importando camisetas, exportando uranio para dar electricidad en otros lugares, mientras en sus territorios no la tienen, exportando petróleo e importando gasolina,…

Mientras tanto, con cada contenedor de arroz de ayuda humanitaria, se arruina a un buen número de productores locales. Inversiones milmillonarias para conseguir agua,… que luego se dedica a tratar el uranio y no para surtir a la población. Lo mismo con el oro, en cuyas minas (la mayoría ilegales) se usan inmensas cantidades de agua que, junto al mercurio necesario para separar el oro, provocan la irreparable contaminación de grandes extensiones de terreno agrícola.

Es muy duro conocer la solución y ver que no se aplica. Saber que los gobiernos también conocen esa solución, pero les resulta más sencillo enriquecerse con las Ayudas Oficiales al Desarrollo y con la mera exportación de las riquezas naturales de sus países. Si Benin dejara de exportar el algodón en bruto y creara una industria de transformación que generara empleo para los jóvenes, fabricando tejidos, utilizando la creatividad local para hacerse un mercado en el mundo o al menos garantizando la cobertura del mercado local, seguramente los indicadores macroeconómicos del país empeorarían a corto plazo y los bolsillos de los gobernantes menguarían, pero los jóvenes tendrían oportunidades de trabajo y a largo plazo el país iría mejor.

Y en ese gran océano nuestro frágil esquife, sigue y seguirá creando oportunidades allí donde no las hay. No podremos llegar a todos, pero os puedo asegurar que cada año hay más y más beneficiarios de nuestros proyectos. Que nuestro impacto en la zona es importante,… pero eso, lo cuento en el próximo artículo. ATENCIÓN SPOILER: al título le quitaremos las interrogaciones.

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