El pasado mes de agosto, hace ahora aproximadamente un año, hablaba desde este blog de lo que di en denominar: «Nubarrones» (leer más).
Lamentablemente, desde entonces, la situación no ha ido a mejor, sino a peor. Los países que entonces citábamos que estaban en conflicto lo siguen manteniendo y se han incorporado algunos otros con las mismas líneas generales de búsqueda de poder y dinero por la vía rápida y fácil, sin importar las consecuencias.
Nos ha parecido relevante actualizar la información y sobre todo hacerlo en referencia a nuestra zona de trabajo: es decir, Benín, Togo, Níger y los países del entorno Mali, Burkina Faso y Nigeria.
Este mes de julio se cumple un año desde que se produjo el golpe de estado en Niger. Golpe de estado que cambió de raíz la geopolítica de la zona.
Hoy, casi un año después, la junta militar golpista de Niger, sigue atrincherada en el poder, tras haber expulsado a los soldados americanos y franceses que colaboraban en las tareas de lucha contra el terrorismo yihadista en toda la zona. El principal argumento utilizado como justificación del golpe, fue combatir mejor esa amenaza, pero hoy la situación ha empeorado; el número de atentados ha crecido e incluso ha aumentado el número de grupos armados presentes en el país y que se enfrentan entre todos ellos.

Los golpes de estado anteriores en Mali (2021) y Burkina Faso (2022), tuvieron la misma justificación. También ellos expulsaron las tropas francesas o las misiones de la ONU, y también en ambos casos la situación desde el punto de vista del número de atentados y del incremento de grupos armados, ha empeorado.
En Mali, a las fuerzas armadas regulares, se unen los paramilitares de Wagner y los del nuevo África Corps ruso. Y en los últimos meses se han incorporado nuevos grupos de terroristas yihadistas, que se unen a las guerrillas Touareg enfrentadas tradicionalmente al poder establecido en el país.
El panorama en Burkina Faso es similar, salvo porque la junta militar golpista ha decidido armar a lo que ellos llaman “voluntarios en defensa de la patria”. Un grupo de civiles convertidos en paramilitares. Armados hasta los dientes y con patente de corso para imponer justicia sobre la marcha ,allí donde lo consideren necesario.

Níger está siguiendo el mismo camino y con idénticas consecuencias. Apoyo de paramilitares rusos y aparición de nuevos grupos armados.
La coexistencia de todos estos grupos, armados oficiales o paraoficiales, tiene a largo plazo un riesgo que podemos ver en otro país africano: en Sudán, el ejército regular combate contra los paramilitares. Tras años de colaborar, las ansias de poder de sus jefes, les han enfrentado en una guerra que comenzó a mediados de abril de 2023, y que al día de hoy ha generado más de 10 millones de desplazados. La cuarta parte de la población del país.
Nigeria, que, como presidente de turno de la CEDEAO, fue muy activa en las amenazas a Níger, tras el golpe de estado del pasado mes de julio, ha visto empeorar gravemente su situación interna con el recrudecimiento de la actividad de grupos armados, que han convertido el secuestro de estudiantes, en su forma favorita para desestabilizar al país.
En Togo, el actual presidente en ejercicio que heredó el poder de su padre, que permaneció 38 años al frente del país, ha propiciado un cambio de constitución que le permita perpetuarse en el poder. Una forma interesada para intentar evitar ser derrocado por una junta militar, aunque la presión ciudadana comienza a crecer.

Mientras tanto, aumentan las tensiones en la zona provocadas por los intereses comerciales de países que están muy lejos de allí. Hace pocas semanas se puso en servicio un oleoducto para canalizar el petróleo desde la zona de las tres fronteras (con Chad, Camerún y Nigeria), en lo más profundo del Níger hasta el puerto de Cotonou en Benin. Una enorme infraestructura financiada por China, quien además hizo un préstamo de 400 millones de euros a la junta militar golpista para que pudiera mantener en funcionamiento su maquinaria de poder,… y el suministro de petróleo
Y las fronteras han vuelto a ser permeables en su mayoría con una excepción que nos afecta especialmente. Niger se ha negado a abrir las fronteras con Benin y el gobierno beninés ha intentado negociar utilizando el bloqueo del oleoducto. Evitando la salida del petróleo nigerino quería provocar la apertura de fronteras. La solución fue rápida y solo fue necesaria la visita, al gobierno beninés, de un funcionario chino de mediano nivel, para desbloquear el asunto.
Níger argumenta que Benin acoge fuerzas militares francesas que se preparan para la invasión de su país y por eso mantiene sus fronteras cerradas. Benin lo niega, pero mientras tanto la frontera permanece cerrada y las familias más necesitadas sufren las consecuencias de ese bloqueo.
Para acabar de complicar el asunto, los grupos de terroristas yihadistas tratan de alcanzar el golfo de Guinea lo que les permitiría desestabilizar por completo la zona, bloqueando los principales puertos, con el de Cotonou en Benin a la cabeza.
La principal consecuencia de esta situación es, además de la inseguridad física para las personas que allí habitan, la inseguridad alimentaria que se genera por la frenética subida de precios provocada por la acaparación, la especulación y la falta de libre comercio entre los países que hasta hace muy poco formaban una comunidad económica: la CEDEAO. Una unión que ha saltado por los aires, enfrentando a Mali, Burkina Faso y Níger con el resto de países miembros.
En esas circunstancias, nosotros seguimos con nuestro esquema de trabajo. Nuestras contra partes siguen trabajando para ayudar a los más desfavorecidos y esperamos seguir contando con todos los que nos apoyáis, porque nos hace más falta que nunca.

