¡Qué bello es vivir!

¡Qué bello es vivir! Y qué duro morir. Ninguno queremos. Nos aferramos a la vida con uñas y dientes, aunque a veces cada mañana sea una terrible cuesta arriba. Aunque a veces parezca que ya nada volverá a ser igual. El instinto de supervivencia dicen. Que no nos den todo lo que podemos aguantar, dicen otros.

En la vida, estamos acostumbrados a caminar inexorablemente en esa dirección, pero tratamos durante el tiempo que nos es dado, que el viaje sea lo más largo y placentero posible. Estamos también acostumbrados a que los médicos “remen en la misma dirección”

Con Alaine, nunca perdimos la esperanza. En los últimos meses cuando con el resto del cuerpo paralizado, solamente su dedo índice o sus ojos nos decían “sí o no”, seguimos luchando,… nosotros y ella. Y seguimos contando, además, con el apoyo de cuantos médicos pasaron por nuestro lado. Veíamos en sus semblantes la preocupación de quien sabe que las cosas no van bien, pero seguían luchando a nuestro lado. Como nosotros, tampoco se rindieron. Hasta el final.

Pero ahora ya no. Al menos no en algunos lugares. Ahora en Andalucía, la ley parece que quiere tomar cartas en el asunto y trata de regular algo que – en mi humilde opinión – es poco regulable. Os invito a reflexionar sobre los extremos que encuentro en la prensa sobre la noticia. ¿Podemos / debemos dejar que un menor que, con 16 años no puede conducir, decida si quiere / debe vivir o no? ¿Debe imperar la opinión de un médico sobre la del paciente y sus familiares? ¿ Y la de éstos sobre la del médico? ¿Es más ético “dejar de hacer” que administrar un fármaco letal?

Me parecen enormemente difíciles de controlar los extremos. Estoy seguro que hay circunstancias en las que un paciente puede verse sin fuerzas para seguir luchando,… pero su mal puede tener remedio. Leemos estos días esperanzadoras noticias sobre tumores cerebrales, eliminados con láser ¡en unos minutos!

Estoy también seguro que muchos médicos no compartirán que estas cosas se hagan por ley. Con ésta u otra redacción. Están su profesionalidad, su ética, su religión, su Juramento hipocrático:   ” … el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aún cuando me
sea solicitada, ni daré consejo con este fin …”
Y frente a eso la ley habla de evitar la Obstinación terapéutica

A nosotros nos hubiera encantado evitarle a Alaine sus últimos meses de sufrimiento. Todos en su entorno sufrimos con ella. Pero si de algo no nos arrepentimos es de haber luchado hasta el final. De haberlo intentado todo.

Ningún caso es igual a otro. Y lo que es bueno para unos, puede no serlo para otros. Cada situación requerirá una solución concreta y poco generalizable. Y lo malo de las leyes es que suelen intentar contemplar todas las situaciones. Y eso es sencillamente imposible. Establecer una jerarquía, puede ayudar a dirigir el tráfico pero – en mi opinión – en esta cuestión lo va a embarullar aún más.

En nuestro país somos enormemente escrupulosos con las creencias religiosas de quienes vienen a vivir y trabajar aquí. Nos proponemos eliminar nuestra simbología religiosa en las escuelas para no ofender sus creencias. Pues bien, parece que las creencias de un médico no son tan importantes. Pueden ser multados hasta con un millón de euros por seguirlas.

Eso sí, el proyecto de Ley distingue perfectamente entre «médicos y médicas». Faltaría más.

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