
Cada año se producen más de 4 mil millones de toneladas de cemento. «Después del agua, el cemento es la sustancia más utilizada en la Tierra. Si la industria del cemento fuera un país, sería el tercer mayor emisor de dióxido de carbono del mundo con hasta 2.800 millones de toneladas, solo superado por China y Estados Unidos». Leer más.
En peso, por cada 1000 g. de cemento se producen unos 900 g de CO2. Esto es algo característico del proceso de producción de cemento, que generan casi tanto CO2 como cemento, el producto principal.
El cemento es, además, un gigante sediento, que absorbe casi una décima parte del agua utilizada industrialmente en el mundo. Esto a menudo sobrecarga el suministro de agua potable y para riego, ya que el 75 % de este consumo se produce en regiones con sequía y escasez de agua. En nuestra zona de trabajo resulta un problema adicional. Es mucho más costoso construir en zonas con escasez de agua.
A veces, para encontrar alternativas respetuosas con el medio ambiente basta con rescatar técnicas de construcción tradicionales. Es el caso de la «tierra batida», uno de los materiales más antiguos empleados por el hombre y de gran arraigo en la tradición en nuestra zona de trabajo.
Las mezclas de arcilla son un material de construcción alternativo al hormigón con una huella ambiental mucho menor. Las construcciones son más económicas, están bien aisladas, son estables y resistentes a la intemperie, se adaptan al clima, se construyen rápidamente, requieren mano de obra local fácil de encontrar, consumen menos energía, generan muy pocos residuos y reducen las emisiones de CO2 derivadas de la fabricación de cemento. Ah, por cierto,… por si no ha quedado claro, son mucho más baratas.
Construir con este material, tiene un impacto ecológico casi nulo y consigue optimizar los recursos disponibles. Por otro lado, la materia prima puede ser extraída del propio emplazamiento y las poblaciones pueden colaborar en la fabricación de los ladrillos
En la Fundación Alaine, somos conscientes de todo esto y llevamos algunos años construyendo edificios para aulas procurando reducir la cantidad de cemento utilizada. En nuestro caso, unir tradición y medioambiente es un «win-win» clarísimo.
Un ejemplo:
Edificio de 2 aulas para escuela maternelle (pre escolar). Presupuestos de marzo de 2025, para sendos edificios del mismo tamaño:
• Faka Faka en la Donga: Hecha con “terre battue”, 12 ™ de cemento y un coste total de 5.892.150 fr CFA. O sea: 8.980 € y un consumo de CO2 de 10.800 kg
• Mareguinta en el Borgou. Hecha “con cemento”, 35 ™ de cemento, un coste total de 8.816.000 fr CFA. O sea: 13.440 € y un consumo de CO2 de 31.500 kg
En resumen: con “terre battue” 4.460 € menos de presupuesto y 20.700 kg menos de consumo de CO2
Como es fácil suponer, vamos a financiar los dos edificios, pero uniremos tradición, medioambiente y ahorro, eligiendo edificios de «terre battue» con una ligera mezcla de cemento que le dé mayor resistencia ante las lluvias estacionales.

En este edificio se aprecia claramente el color de la arcilla y se trata del mismo edificio que abre esta entrada del blog. Una «escuela bombón» que abre el futuro de la escolarización a un montón de niños y niñas cada año, que nos permite reducir nuestro impacto medioambiental a la vez que posibilita que financiemos 3 edificios como este en terre battue, por el precio de 2 construidos enteramente con cemento. ¿Es o no un buen negocio?

