Souka

Hoy comenzamos en dirección a Nigeria. Vamos a visitar Souka, otro poblado perdido en la maleza junto a la frontera nigeriana y a 7 Km de la ruta que une Nigeria con Benin. Un poblado con el que las hermanas argentinas trabajan y que tiene también una gran necesidad de agua saludable. Por cierto una ruta en la que hoy hemos podido ver que se estaban realizando algunas actividades de «reparación». En realidad: rellenado de baches con tierra suelta y limpieza de cunetas en lugares determinados y más estrechos.

Se trata de un poblado sin agua potable, que hoy, apenas un par de meses después de las lluvias, encuentra el agua a unos 600 metros, pero que en pocas semanas tendrá que recorrer mayores distancias al irse secando los distintos lugares en los que la obtienen. Nada que le diferencie demasiado de los poblados que estamos visitando estos días, salvo una cosa importante. Nos hablan de un número de habitantes adultos superior a 600. Eso nos lleva a una cifra total mínima de 2.000 personas incluyendo niños y niñas. Esto está facilitando, al parecer, que consigan su parte del proyecto. Sus 400.000 francos cfa. De momento ya han aportado la mitad.

Hemos encontrado un poblado con numerosas etnias diferentes pero unido en pos de un objetivo común. Las hermanas argentinas trabajan con ellos en prevención nutricional y conocen bien los perniciosos efectos del agua que utilizan, para la salud en general y la infantil en particular. Las «pesadas» regulares que realizan les aportan unos indicadores demoledores. Cada familia ha perdido uno o varios hijos menores. Hoy en la reunión hemos visto muchas barrigas hinchadas y en nuestro recorrido por el poblado y entre las diferentes pozas donde encuentran el agua, hemos podido ver un pequeño con una fiebre muy alta. La hermana lo ha envuelto en un paño mojado y ha buscado al padre para que acuda al dispensario de Kabo, la población más cercana, con el niño. Ha dicho que si. Esperemos que sea cierto.

A Souka nos ha acompañado también el párroco de Kabo. Un sacerdote local que apoya el trabajo de las hermanas y que trabaja el mismo en impulsar a las poblaciones en proyectos de cooperación. Nos ha resultado un gran apoyo. Era claro que la gente le apreciaba independientemente de la religión que cada uno profesara.

Como siempre hemos conversado con la población y a los habituales discursos hemos añadido la pregunta, «si las mujeres tienen el agua más cerca, más disponible y en cantidad suficiente, ¿qué van a hacer con el tiempo que ahora les va a sobrar?»

Las respuestas han sido variadas desde la que quería descansar más o la que cauta, pedía que le diéramos nosotros la respuesta. Con la intervención del párroco de Kabo, pronto ha surgido una mujer que ha dicho que era necesario encontrar una actividad generadora de recursos, a la que pudieran dedicar ese tiempo. Esta última se ha llevado el aplauso nuestro y con él, el aplauso general.

Antes de marchar nos han regalado un buen montón de ñames y un gallo.

Por la tarde tras la comida (ñame cocido con pollo y salsa picante de cebolla) y un rato de descanso nos toca resumir con las hermanas la visita y los próximos pasos en los proyectos abiertos, pasarles las fotos, colada, maletas,… y disfrutar un rato con los chicos y chicas de la escuela PAEFEE. Mañana dejamos Kpari y comenzamos a visitar los proyectos que tenemos con la beninesa Fundación Vie pour Tous. Nos dirigimos al norte y trataremos de seguir enviando estas crónicas. Por allí la cobertura es aún peor que por aquí.

Por cierto, ayer se me quedó en el tintero otro uso de los bidones amarillos: el tambor.

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