Peulwyel o Peulñel

Hoy hemos continuado con las visitas a los poblados de la provincia de Nikki. Poblados en los que las terciarias capuchinas realizan labores de prevención en materia de salud materno infantil y trabajan la promoción de la mujer como medio para conseguir los desarrollos personales y colectivos de las personas que más tienen que decir en el futuro de las aldeas. Ellas buscan la leña, gestionan el agua, se ocupan de los niños, deciden si van o no a la escuela,…

Es un trabajo en el que les venimos apoyando desde el año 2011. Comenzamos con las micro finanzas. Después vinieron las cofinanciaciones de actividades generadoras de recursos para los diferentes grupos de mujeres y las perforaciones para suministro de agua saludable. Con todo ello se pretende facilitar que las madres cuenten con los medios suficientes para poder liberar a hijos e hijas de forma que puedan acudir cada día a la escuela. A veces eso nos obliga también a organizar pequeñas escuelas Semilla que faciliten el inicio de una andadura que luego será imparable y garantizará que el futuro de niños y niñas esté un poquito más al alcance de sus manos y de su trabajo.

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Hoy hemos ido a visitar La aldea de Peulwyel o como ellos lo pronuncian: Peulñel. Se encuentra perdida en la maleza en la frontera nigeriana. No tienen agua y a partir de ahí su vida se complica enormemente. En las visitas que llevamos haciendo esta semana Y en las crónicas subsiguientes he comentado ampliamente lo que esa carencia significa. Basta decir, una vez más, que el agua es el punto de partida.

El poblado se encuentra a 46 km de Nikki de los que apenas 15 km se realizan por algo que se pueda parecer a una carretera. Los últimos 20 son simplemente un sendero por el que va una línea de las ruedas de la Toyota. Para las otras es preciso elegir entre el lado izquierdo o el derecho procurando no pillar ninguna de las piedras de laterita que abundan por el contorno o ningún tocón de árbol cortado, disimulados entre la maleza circundante que también son muy numerosos. Hemos tenido que superar, además, dos riachuelos uno con agua y otro, bastante más complicado de atravesar, sin ella.

Tras 2 horas de traqueteo, hemos llegado y nos hemos encontrado a la población agrupada en pequeños núcleos habitacionales. En total unas 350 familias, practicamente todas de la etnia Peulh.

Como siempre en estos casos la conversación ha transcurrido desde el francés al batonou y de ahí al fulfulde,… y vuelta. Nadie se quería perder el contenido de la reunión y era preciso hacerlo así. Nos han agradecido el tiempo y esfuerzo que hemos dedicado para visitarles y han tratado de compensarnos regalándonos dos buenas brazadas de ñames y una gallina.

Tras los primeros saludos hemos querido visitar el lugar en el que recogen el agua y nos hemos puesto en marcha. 990 metros después, hemos llegado a un cauce de un riachuelo estacional.

Por el aspecto, en la época de lluvias debe ser un espectáculo. Las márgenes tenían la pinta de que la corriente de agua es relevante y abundante, con la maleza de las orillas «peinada» en la dirección de la avenida del agua. Pero en este momento ya está seca y con el aspecto de llevar así mucho tiempo.

En ese cauce las mujeres van cavando hoyos, más o menos profundos, en la medida en la que el agua se va poco a poco retirando. A los más grandes les han colocado una frágil e improvisada valla para que los animales más grandes no accedan a las pequeñas charcas. Aun así los «residuos orgánicos» presentes por la zona indicaban claramente la presencia habitual de vacas y bueyes. Algo muy normal en un entorno Peulh.

De vuelta al poblado, hemos vuelto al diálogo que ha discurrido sin sorpresas, aunque quizá con más fluidez de la habitual. Saben lo que quieren y están de acuerdo en todo. Necesitan agua y quieren poder trabajar unas huertas, con todo lo que eso significa. Aun así, no han pasado de ahí. Agua y huertas. Es probable que todavía no se imaginen algo más allá pero saben que ese es el camino. Han ofrecido el terreno circundante a la perforación y han asegurado que aunque el pozo se haga en la habitación de alguno de ellos, se cedería el terreno.

Por nuestra parte, estamos dispuesto a financiar el proyecto necesario, pero no se lo hemos dicho. Les hemos dicho que no tenemos máquina para hacer billetes, pero que tenemos muchos amigos que «cotizan» cada mes para poder financiar los proyectos. «A la vuelta, hablaremos con nuestros amigos y si les parece bien, financiaremos la perforación». No queremos que parezca fácil y también queremos que sepan que nuestro trabajo es el resultado del esfuerzo de mucha gente.

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