¿Otra oportunidad perdida?

En estos días, he podido leer algunas noticias y a raíz de ellas, he acopiado datos acerca del petróleo en el mundo y su geolocalización. Y no puedo decir otra cosa más que – esos datos – me han sorprendido profundamente. Me resulta obvio que en eso ha podido influir un cierto desconocimiento de la materia, pero – en mi opinión – lo más probable es que se trate de una de esas paradojas que nos rodean y que por habitual acabamos no percibiéndola en su integridad.

La primera noción me llegó a través de la aparición del libro «Untapped. The scramble for Africa´s oil» (Sin explotar. La carrera por el petróleo de África) de John Ghazvinian. De ahí derivé a las estadísticas, para llegar a conocer que África esconde un 10% de las reservas conocidas del mundo; que concentra un
tercio de las reservas encontradas desde el año 2000; y que se espera que de aquí hasta el 2010, acapare el 20% de la producción mundial. En concreto, los EEUU tienen – al parecer – la intención de diversificar el origen del petróleo que importan, balanceando a favor de África hasta alcanzar un 25% del total de sus importaciones. Sin duda el amargo recuerdo del 11 S les impulsa a tratar de ser menos dependientes de Oriente Medio.

Por otra parte, he conocido que:

  • La variedad de petróleo más común en África, es de refino más sencillo y barato.

  • Se encuentra en sitios más accesibles (asequibles yacimientos marinos), lo que reduce notablemente los costes de transporte.
  • Es más fácil negociar con los Gobiernos africanos que con los de países árabes.
  • Excepto Nigeria, ninguno de los países del continente está integrado en el OPEP.

Vamos, que todo son ventajas.

Llegados a este punto, se puede tener la tentación de pensar que esa riqueza natural y esa mayor idoneidad del petróleo africano frente al de otros proveedores, podría constituir una fuente de solución para los enormes problemas que hoy tiene África, con la mayoría de los países de su ámbito metidos en el último cuartil del Índice de Desarrollo Humano. Pero al día de hoy,… parece que va a ser que no.

Si tomamos a Nigeria, como séptimo país productor de petróleo, nos encontramos con que el 57% de su población vive en condiciones de extrema pobreza. El sistemático desentendimiento de los problemas del tejido productivo local, por parte de sus propios Gobiernos y de la dirección de las grandes petroleras, hace que la única economía que subsista sea la del petróleo. Con la economía en manos ajenas y generando enormes rentas en manos de unos pocos caciques locales, rápidamente se extingue cualquier otro tipo de industria y se condena a la quiebra cualquier esquema productivo que no sea de mera subsistencia.

Probablemente, exista un enfoque positivo para aprovechar las excelentes condiciones del petróleo en África, pero no parece que la dependencia del mundo desarrollado, de esa materia prima, les anime a cambiar un modelo de explotación que resulta tener menos riesgos y nulas complicaciones. Será que como reza un dicho congoleño, «aquí el petróleo sólo trae muerte»

¿Otra oportunidad perdida?

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