Objetivos compartidos,…

Existen pocas cosas que te puedan animar más, que ver cómo conocidos e incluso desconocidos, apoyan proyectos que estás tratando de desarrollar en pos de un objetivo concreto. No importa cuan compartible sea dicho objetivo. No importa cuanto tengas que trabajar por ese objetivo. Ni siquiera importa que se trate de un Objetivo del Milenio. El asunto es que en la Fundación Alaine nos hemos vinculado estrechamente con unos objetivos y que a partir de ese momento los hemos unido a nuestra razón de ser fundacional.

Alaine no entendía la diferencia de oportunidades debida al lugar de nacimiento, a la raza o al hecho de ser hombre o mujer. La Fundación Alaine tampoco lo entiende y quizá por eso ver cómo tantos buenos amigos se reunieron ayer en el Real Café Bernabéu alrededor de esos objetivos,  supone una especial satisfacción. La sensación de saber que transitamos por un camino adecuado, rodeados por buenas personas solidarias que comparten nuestra misión: la visión de nuestra razón de ser. Aquello que a Alaine le hubiera gustado.

Anoche, en el salón del Real Café Bernabéu, compartimos muchas cosas. Entre ellas, un sentimiento de solidaridad con los que menos tienen; la sensación de deuda con aquellos que tienen que dedicar todos sus esfuerzos cotidianos para sobrevivir; la impresión de tener muchas razones para apoyar a los beneficiarios de la Fundación Alaine; la satisfacción de ver cómo se traducen en sonrisas nuestras ayudas, el convencimiento de creer que a Alaine le gustaría que lo hiciéramos así,…

Son tantas cosas y tantas sensaciones que cuesta ponerlas por escrito.

Anoche, en el salón del Real Café Bernabéu, nos juntamos un montón de «amigos de la Fundación Alaine». Lo hicimos alrededor de sus objetivos,…. y para poder cumplir con ellos. Y los «hechos» respaldan nuestra intención. La generosidad de los asistentes cubrió de una forma más que abundante las necesidades. Los niños y niñas de Kara,…. tendrán libros,… tendrán profesores,… biblioteca,… aula informática,… clases de refuerzo,…

En definitiva, tendrán la educación y las oportunidades que hubiera podido tener Alaine si una «enfermedad de primer mundo» no se hubiera cruzado en nuestro camino. ¿Podíamos desear algo mejor?

Hoy, tras nuestro encuentro de anoche, sé que Alaine estaría encantada con el ambiente que tuvimos y con los resultados obtenidos. ¿Hay algo más importante para un padre que la legítima satisfacción de un hijo?

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