Fiesta en Bouda

El año pasado visitamos Bouda por primera vez. La experiencia fue la misma que la que tuvimos ayer en Dè y Dekribí. Se trata de un poblado que carecía de agua mínimamente saludable, que era porteada por los más pequeños y sus madres. Allí, como hicimos ayer, recorrimos los estrechos senderos que unen los poblados con los puntos de acceso al agua. Caminos para pies pequeños y ágiles. Los de los niños y niñas que ayudan a sus madres. Lo hacen con esfuerzo pero también como si afrontaran un juego. Sobre todo cuando nosotros les acompañamos, gustan de exhibir sus habilidades. Hacen falta muchas para llenar esas grandes palanganas, sacarlas de los agujeros donde cogen el agua y portearlas sin tirar prácticamente nada en el kilómetro de media que tienen hasta sus casas.

Hoy Bouda ya tiene su pozo y las mujeres han comenzado tímidamente con las huertas. Hoy nos toca consolidar las huertas y ver posibles soluciones para la escolarización de los más pequeños. Hoy nos toca compartir con ellos la fiesta.

Este proyecto es especial. Tiene la particularidad de que la financiación necesaria ha sido obtenida a través de un Grupo de Cooperación. En este caso de un Grupo familiar que se ha aliado con este poblado y quiere poner su grano de arena para conseguir el pleno desarrollo personal y colectivo de sus habitantes. Ya han conseguido el pozo. Ahora quieren continuar con las huertas y con la escuela semilla.

Es todo una cadena con el agua como punto de partida. Hoy nos ha tocado disfrutar de la culminación del primer paso. Y lo hemos hecho disfrutando, además, de ver cómo las mujeres ya han iniciado con el trabajo en sus huertas. Y no solo eso, los hombres les han ayudado a construir un vallado artesanal, aunque endeble, para evitar que los animales estropeen el trabajo realizado.

Al tener el agua cerca de las casas, las mujeres liberan tiempos para poder trabajar ellas y para poder dejar a sus hijos y sobre todo a sus hijas, acudir a la escuela cada día. Pero la escuela más cercana está en Monno (a unos 3,5 km de distancia), por ello los niños y niñas más pequeños de Bouda no pueden ir a la escuela.

Hemos llegado temprano y hemos entrado al poblado caminando. Hemos aprovechado para pasar por el pozo. Nos ha podido la curiosidad y nos hemos llevado la sorpresa de que el terreno cedido superaba con creces nuestra expectativa. Las incipientes huertas están organizadas alrededor de la perforación, lo que facilita mucho el trabajo de las mujeres.

Enseguida nos han venido a buscar para la recepción y ha comenzado la fiesta. Antes han querido tener una breve reunión para solicitar ayuda con la escuela. Ellos ya han comenzado a construir un hangar de palos y hojas de palmas y palmeras, para que los niños y niñas más pequeños puedan comenzar su escolarización. Les hemos asegurado que si son constantes en el envío de sus hijos a la escuela y pagan cada mes al maestro, la Fundación Alaine les facilitará la financiación de un pequeño edificio para la «rentrée» del curso 2020 – 2021 y posteriormente les ayudaremos a conseguir la «oficialidad» para que el estado asuma la escuela y pague a los profesores. Entonces será necesario financiar un edificio más grande.

Bailes, cánticos y más bailes. Alegria desbordante de las mujeres y los niños y satisfacción más contenida en los hombres. Nosotros todavía, a la hora de escribir esta crónica, seguimos hipnotizados por el rítmico chorro de agua que salía del pozo a cada pedalada. Hemos querido probar y hemos pedaleado un rato. Puedo asegurar que llenar una de las palanganas habituales no es en absoluto sencillo. El esfuerzo con el calor imperante en la zona resulta bastante cansado. Ellas y niños y niñas lo realizan con soltura y como si fuera un juego divertido. Supongo que piensan en la situación anterior.

Después nos han invitado a comer. Ñame pilado y también ñame cocido con salsa picante. Pollo «bicicleta», trozos de cabrito y queso Peulh guisado. Todo ello muy rico y abundante. Personalmente he repetido. Hubiera sido perfecto con algo para beber.

Volviendo al futuro de los habitantes de Bouda, podemos decir que han superado con nota el «punto de partida» que supone el agua. Las huertas pronto podrán ser una realidad que será necesario consolidar y a la vista de su actitud, confío en que la escuela semilla será también una realidad muy pronto. Con todo ello el desarrollo personal y colectivo de los habitantes de Bouda comenzará a estar un poco más en sus manos.

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