¡Bature, na wami!

¡Bature na wami!. (El blanco está aquí).

Esas palabras se repetían en mi cabeza durante el viaje de vuelta desde Benín. Constituían una de las pequeñas diferencias de este viaje frente al anterior. Había gente que te reconocía y a la que reconocías. Gente que te esperaba y que te agradecía el apoyo que se les estaba prestando. Gente que te planteaba nuevos proyectos al amparo de los realizados en otras poblaciones.

La primera vez que fui a Benin, estaba más desbordado por el entorno. Viví en un permanente estado de sorpresa. En esta ocasión me he sentido más capaz de valorar los detalles. Conocía el escenario. Sabía en grandes líneas lo que ibamos a encontrar y por ello considero que he podido profundizar más.

Durante este último año, además, he mejorado mi nivel de Francés. Esa mayor soltura me ha ayudado en los discursos de inauguración de las Escuelas financiadas, pero sobre todo me ha permitido aumentar mi capacidad de penetrar en la realidad sociocultural del país y hacerlo en primera persona. Con menor dependencia de intérpretes.

Pero como el pasado año, percibo una cierta limitación para trasladar a palabras todo lo que he visto en Benin. Percepciones, emociones, sensaciones,… La convivencia con una realidad que en el fondo no es tan distinta de la nuestra y que, sin embargo, se vive de una manera muy distinta a como lo haríamos nosotros. No se trata unicamente de carencias,… que las hay. Se trata fundamentalmente de cómo se viven esas carencias. Ya lo dije tras mi viaje del año pasado: “cómo se puede vivir tanto con tan poco”

Me planteo, como el año pasado, ir trasladando al blog aquellas cosas que más me han llamado la atención y que considero que pueden ser de más interés,… al menos para mi. Trataré además de incorporar galerías
temáticas de fotos mediante enlaces a Picasa (ya conocéis mi Google-dependencia), como fórmula de trasladar la alegría de aquellos con quienes he compartido estas dos últimas semanas.

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